A propósito del ducentésimo primer aniversario de la creación política de la provincia de Lampa
Eradio Antonio Apaza Chávez
Investigador de la Revista Cultural TODO LAMPA. Docente de Ciencias Sociales.
Resumen
La provincia de Lampa constituye un destacado caso de continuidad histórica y toponímica en el altiplano peruano. El presente estudio analiza la evolución del nombre de Lampa desde sus posibles antecedentes prehispánicos hasta la actualidad, a partir del examen de tradiciones históricas, crónicas, visitas coloniales, documentos administrativos y legislación republicana. El objetivo es demostrar que las distintas denominaciones registradas en las fuentes —como Lamphaya, Kampac, Lampaz, Santiago de Lampa, Partido de Lampa y Provincia de Lampa— corresponden a expresiones históricas sucesivas de una misma realidad territorial. Mediante el método histórico-documental y el análisis de fuentes primarias y secundarias, se evidencia que, pese a las transformaciones políticas y administrativas ocurridas desde la época prehispánica hasta la República, el topónimo mantuvo una notable estabilidad. Se concluye que la permanencia del nombre de Lampa constituye una expresión de continuidad territorial, administrativa e identitaria en el altiplano peruano.
Palabras clave: Lampa; continuidad histórica; topónimo; identidad territorial; altiplano peruano; puquina.
Abstract
Lampa Province constitutes a remarkable case of historical and toponymic continuity in the Peruvian highlands. This study examines the evolution of the name Lampa from its possible pre-Hispanic origins to the present through the analysis of historical traditions, chronicles, colonial records, administrative documents, and republican legislation. Its objective is to demonstrate that the various denominations recorded in historical sources—such as Lamphaya, Kampac, Lampaz, Santiago de Lampa, Partido de Lampa, and Provincia de Lampa—represent successive historical expressions of the same territorial entity. Using a historical-documentary approach and the examination of primary and secondary sources, the study shows that despite the political and administrative transformations experienced from the pre-Hispanic period to the Republic, the toponym remained remarkably stable. It concludes that the persistence of the name Lampa constitutes an expression of territorial, administrative, and identity continuity in the Peruvian highlands.
Keywords: Lampa; historical continuity; toponymy; territorial identity; Peruvian highlands; Puquina.
La permanencia de los topónimos constituye una herramienta fundamental para comprender los procesos de larga duración histórica de los pueblos. A diferencia de otras instituciones políticas o administrativas que desaparecieron con el paso del tiempo, numerosos nombres de origen prehispánico lograron sobrevivir a las transformaciones derivadas de la expansión del Tawantinsuyo, la conquista española, el régimen colonial y la formación de la República13,30,33.
Entre estos casos destaca Lampa, uno de los territorios históricos más antiguos del altiplano peruano. Diversas fuentes registran variantes como Lamphaya, Lamparaquen, Kampac, Lampaya, Lampaz, Lampas, Lanpacolla, Lapa, Lampa Hanansaya, Lampa Hurinsaya, Llampa de Esquivel, Llampa de Zara, Santiago de Lampa, Partido de Lampa y Provincia de Lampa15-21. Aunque dichas denominaciones responden a diferentes contextos históricos y administrativos, todas hacen referencia a una misma unidad territorial.

El posible origen puquina del nombre de Lampa
La hipótesis del origen puquina adquiere especial relevancia si se considera que diversos investigadores han identificado a esta lengua como uno de los principales componentes culturales de la cuenca del Titicaca antes de la expansión de las lenguas aimara y quechua.
En este contexto, el nombre de Lampa podría relacionarse con las raíces phaya, huaya o waya, interpretadas como ‘cuesta’, ‘subida’ o ‘ladera’. La forma antigua de Lamphaya parece conservar con claridad este elemento. Aunque el significado exacto del componente inicial Lam- permanece incierto, la conservación del radical -phaya constituye un indicio lingüístico que merece consideración. Asimismo, el topónimo Lamparaquen incorpora el radical raque o raqhi, asociado a las nociones de ‘barranco’, ‘abismo’ o ‘despeñadero’1-3. En este sentido, Lamparaquen podría entenderse como un nombre descriptivo construido a partir de un elemento principal (Lampa o Lampha) y del calificativo raque, aludiendo a una «Lampa del barranco», «Lampa junto al despeñadero» o «Lampa de las quebradas».
Tradicionalmente la organización del territorio también parece conservar huellas de este antiguo sustrato. Las fuentes coloniales en el año 1601 registran en Lampa, ayllus como Anansaya, Chiquicollana, Totocollana, Caquiani, Usihuiri, Sullcasacare, Quehuta, Sasin y Quela. Mientras que en 1654 señalan a Guatauma y Lampalancas. Particular interés presenta el ayllu Totocollana, formado por los elementos toto, interpretado como ‘grande’, y collana, voz que designaba al principal, noble o excelso dentro de la organización social andina. Su significado podría aproximarse a «gran ayllu principal» o «ayllu excelso»4-6,19,22,25.
Kampac y Lampaya: tradición y memoria histórica
Las tradiciones históricas conservan algunos de los testimonios más antiguos sobre el origen del nombre de Lampa. Una de ellas, recogida por el padre Fermín Cáceres de la Vega, refiere que el inca Mayta Cápac, durante sus campañas en el Collao, habría pronunciado la expresión “Ary-Kampac”. Según esta tradición, dicha denominación evolucionó con el tiempo hasta convertirse primero en Kampac y posteriormente en Lampa9.
Por otro lado, la tradición oral de Lampaya y Kantuta fue recogida, preservada y difundida por diversos investigadores y escritores regionales, entre ellos Flores Cáceres, Portugal Catacora y Barrionuevo, llegando a convertirse en una de las leyendas más emblemáticas de la memoria histórica y la identidad cultural10-12.
Si bien estas tradiciones no poseen valor probatorio desde el punto de vista documental, resultan significativas por cuanto evidencian la antigüedad del topónimo y su profunda inserción en la memoria histórica y la identidad cultural de la población local.
Durante el proceso de expansión del Estado inka, el territorio de Lampa fue incorporado al Qollasuyu, una de las cuatro grandes regiones que conformaban el Tawantinsuyu13. Las campañas emprendidas por Túpac Yupanqui permitieron la incorporación de los señoríos qollas a la estructura política y administrativa imperial, consolidando el dominio inka sobre amplios sectores del altiplano. En este contexto, Kampac o Lampa pasó a integrarse a una compleja red de articulación económica, política y vial que vinculaba el Collao con el Cusco y otros espacios estratégicos del imperio.
Uno de los testimonios históricos más antiguos del topónimo Lampa se encuentra en la obra de Pedro Sarmiento de Gamboa, quien al describir las campañas inkas en el Collao señala:
“…los Collas fueron vencidos, muertos y presos la mayor parte de ellos, y de los que huyeron siguieron el alcance hasta un pueblo llamado Lampa. Y curó allí los heridos de su campo y reparó los escuadrones…”14.
Este testimonio resulta particularmente relevante, pues constituye una de las menciones históricas más antiguas de Lampa en las crónicas vinculadas al mundo andino y evidencia la importancia que el asentamiento ya tenía dentro de la organización territorial del Collao durante la expansión del Estado inka.
La continuidad del nombre durante el periodo colonial
Una de las primeras menciones documentales sobre Lampa corresponde a las Ordenanzas de Tambos de Cristóbal Vaca de Castro, promulgadas en 1543, las cuales la mencionan expresamente dentro de la red vial andina15. Posteriormente aparecen las formas Lampaz (1547), Lampas (1553), Lanpacolla (1561) y Lapa (1565)16-18. Las visitas toledanas registraron además la existencia de las parcialidades de Lampa Hanansaya y Lampa Hurinsaya19, demostrando la persistencia de las formas tradicionales de organización andina.
A finales del siglo XVI, Luis Capoche utilizó las denominaciones Llampa de Esquivel y Llampa de Zara (1585) para identificar las encomiendas establecidas en la región21. Estas variantes responden a los procesos de adaptación fonética y ortográfica propios de la documentación colonial, caracterizada por la ausencia de criterios uniformes para transcribir los topónimos indígenas. Las diferencias observadas en la escritura no reflejan la existencia de lugares distintos, sino los diversos intentos de representar un mismo nombre mediante las convenciones gráficas del castellano de la época.
La persistencia del topónimo en documentos administrativos, visitas, censos, registros tributarios y crónicas demuestra que Lampa mantuvo una identidad territorial reconocible a lo largo de todo el periodo colonial. Lejos de desaparecer, el nombre continuó siendo utilizado por las autoridades españolas y por las poblaciones indígenas, constituyéndose en un elemento de permanencia histórica que enlaza las antiguas estructuras políticas del Collao con las nuevas jurisdicciones establecidas bajo el dominio colonial.

Santiago de Lampa y la consolidación colonial
A lo largo de los siglos XVII y XVIII, Lampa se consolidó como uno de los principales centros políticos y religiosos del Collao. Los documentos de 1616 registran a los caciques del pueblo de Santiago de Lampa y evidencian la persistencia de antiguos ayllus como Lampalancas22.
El 25 de julio de 1675, el jesuita Francisco de Goyzueta Maldonado llevó a cabo la fundación colonial de Santiago de Lampa, en el marco de las disposiciones administrativas establecidas por la Corona española durante el reinado de Carlos II. De manera simultánea se inició la construcción del Templo de Santiago Apóstol, proyecto que reflejaba la importancia que la evangelización y la organización eclesiástica tenían dentro del proceso de consolidación colonial.
Décadas más tarde, los informes pastorales del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo dan cuenta del avance y la relevancia de esta edificación, considerada hoy una de las más destacadas expresiones del barroco andino en el sur del Perú y uno de los principales símbolos históricos y culturales de Lampa.23.
La adopción del nombre Santiago de Lampa no reemplazó la denominación originaria, sino que la integró dentro del proceso de evangelización.
Lampa en las reformas borbónicas
Durante el siglo XVIII, Lampa se vigorizó como uno de los notables corregimientos del altiplano, con una extensa jurisdicción y una importante población indígena organizada en pueblos, ayllus y repartimientos. Su posición estratégica dentro del Collao la convirtió en un relevante centro político, económico y administrativo de la región.
La Visita de los indios originarios y forasteros de Paucarcolla de 1728 documentó la intensa movilidad poblacional existente en el altiplano, registrando la presencia de habitantes procedentes de diversos pueblos pertenecientes a la jurisdicción de Lampa, lo que evidencia los estrechos vínculos sociales y económicos que articulaban las distintas provincias del Collao25.

Las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII introdujeron importantes cambios en la organización administrativa del virreinato. En 1776, el Corregimiento de Lampa fue incorporado al Virreinato del Río de la Plata; posteriormente, en 1782, pasó a depender de la Intendencia de La Paz. Finalmente, con la implantación del régimen de intendencias en 1784, el antiguo Corregimiento de Lampa fue transformado en el Partido de Lampa e integrado a la recién creada Intendencia de Puno.
A pesar de estas sucesivas reorganizaciones jurisdiccionales, el nombre de Lampa se mantuvo inalterable, conservando su condición de centro político y administrativo del sur peruano. Esta continuidad toponímica refleja la permanencia de una identidad territorial consolidada a lo largo de los siglos26-29.
Lampa durante la Independencia y la República
La prolongación administrativa fue ratificada mediante el Decreto Dictatorial del 21 de junio de 1825, que reconoció oficialmente a la Provincia de Lampa dentro del departamento de Puno. Posteriormente, la ley del 2 de junio de 1828 le otorgó el título de Benemérita Provincia de Lampa y a su capital el de Leal Villa de Lampa.
Estas disposiciones evidencian que, pese a los profundos cambios políticos producidos por el proceso de independencia, Lampa conservó su relevancia territorial y administrativa dentro de la nueva organización republicana. Lejos de representar una ruptura con el pasado, la transición del régimen colonial al republicano mantuvo la existencia de la provincia y la vigencia de su nombre, reconocido oficialmente por las nuevas autoridades del Estado peruano.
Lampa contemporánea: patrimonio e identidad
En el siglo XX, la declaración de Monumento Nacional (1941) y posteriormente de Ciudad Monumental (1972) reconocieron oficialmente el extraordinario valor histórico, arquitectónico y cultural de Lampa. Estas distinciones contribuyeron a la preservación de su trazado urbano tradicional, de sus edificaciones coloniales y republicanas, así como de monumentos emblemáticos como el Templo de Santiago Apóstol, considerado uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes del altiplano peruano, y el edificio de la Municipalidad de Lampa, destacado exponente de la arquitectura republicana que forma parte del conjunto monumental de la ciudad. Gracias a ello, Lampa consolidó su condición de referente patrimonial dentro de la región de Puno y del sur andino.

Al presente, denominaciones tradicionales como Lampallacta y Pukallacta continúan formando parte de la memoria colectiva local. Aunque su uso es menos frecuente en la documentación oficial, estos nombres permanecen vivos en la tradición oral, en los relatos históricos y en diversas manifestaciones culturales que evocan el pasado de la ciudad. Su permanencia constituye una evidencia de la estrecha relación entre el patrimonio material e inmaterial que caracteriza a Lampa.
De este modo, la ciudad no solo conserva monumentos y testimonios arquitectónicos de distintas épocas, sino también un legado histórico expresado en sus nombres, tradiciones y formas de identidad colectiva. La persistencia de estas denominaciones a lo largo del tiempo reafirma el papel de Lampa como uno de los espacios históricos más representativos del altiplano andino.
La evidencia lingüística, toponímica, documental y arqueológica permite sostener que el nombre de Lampa y parte de su organización territorial podrían conservar vestigios de un antiguo sustrato puquina. La presencia de formas históricas como Lamphaya y Lamparaquen, junto con la persistencia de raíces atribuibles al puquina en topónimos, apellidos y ayllus de la región, sugiere una persistencia cultural que antecede a la expansión del aimara y del quechua. Si bien la etimología definitiva de Lampa permanece abierta a la investigación, los indicios disponibles permiten plantear que sus orígenes estuvieron vinculados a la esfera cultural de Pukara, cuya influencia habría contribuido a la difusión de la lengua puquina en gran parte de la cuenca del Titicaca durante el Formativo Tardío.
Desde las referencias prehispánicas vinculadas a Kampac y Lampaya, pasando por las diversas variantes registradas durante la época colonial —Lampaz, Lampas, Lanpacolla, Lampa Hanansaya, Lampa Hurinsaya, Llampa de Esquivel, Llampa de Zara, Santiago de Lampa y Partido de Lampa—, hasta su reconocimiento como provincia republicana, el nombre de Lampa ha permanecido asociado a una misma realidad geográfica, social e histórica.
El análisis documental demuestra que las diferentes denominaciones registradas a lo largo de más de siete siglos no corresponden a entidades territoriales distintas, sino a adaptaciones lingüísticas, administrativas y políticas producidas en contextos históricos específicos. A pesar de los cambios derivados de la expansión del Tawantinsuyo, la conquista española, las reformas virreinales, las transformaciones borbónicas y la organización republicana, la identidad territorial de Lampa logró mantenerse vigente.
La continuidad del nombre de Lampa también refleja la persistencia de una memoria colectiva compartida por generaciones de habitantes que, a lo largo del tiempo, conservaron referencias históricas, tradiciones orales y formas de identificación territorial profundamente arraigadas. Esta permanencia demuestra que los topónimos no constituyen únicamente designaciones geográficas, sino también expresiones de identidad histórica y cultural.
Finalmente, el caso de Lampa evidencia que la prolongación histórica no depende exclusivamente de la permanencia de las estructuras políticas o administrativas, sino también de la capacidad de las comunidades para preservar su memoria territorial a través del tiempo. En este sentido, Lampa representa uno de los ejemplos más significativos de continuidad histórica, cultural e identitaria del Collao y del altiplano puneño, constituyéndose en un valioso referente para el estudio de los procesos históricos de larga duración en los Andes meridionales.
Referencias
- Adelaar WFH. Aymarismos en el puquina. Lima; 1987.
- Torero A. Lenguas y pueblos altiplánicos en torno al siglo XVI. Lima; 1987.
- Cerrón-Palomino R. Tras las huellas del puquina. Lima: Fondo Editorial PUCP; 2018.
- Galdós Rodríguez G. Toponimia andina y lenguas prehispánicas del sur peruano. Lima; 2000.
- Bertonio L. Vocabulario de la lengua aymara. La Paz; 1612.
- Zambrano Varón P. Estudios sobre organización social andina. Lima; 2016.
- Bonavia D. Perú: Hombre e Historia. Lima; 1991.
- Ravines R. Pukara: arqueología del altiplano. Lima; 1994.
- Cáceres de la Vega F. Anecdotario Peruano. Lima; 1924.
- Flores Cáceres B. Monografía de la Provincia de Lampa. Puno; 1928.
- Portugal Catacora J. Puno: Tierra de Leyenda. Puno; 1952.
- Barrionuevo A. Los dioses de la lluvia. Puno; 2015.
- Rostworowski M. Historia del Tahuantinsuyo. Lima: IEP; 1988.
- Sarmiento de Gamboa P. Historia de los Incas. Buenos Aires: Emecé; 1965 [1572].
- Vaca de Castro C. Ordenanzas de Tambos. Lima: Revista Histórica; 1908 [1543].
- Meléndez J. Tesoros verdaderos de las Indias. Roma; 1681.
- Hampe Martínez T. Relación de los encomenderos y repartimientos del Perú en 1561. Historia y Cultura. 1979;(12):75-117.
- Jiménez de la Espada M. Relaciones Geográficas de Indias. Perú. Madrid; 1881.
- Cook ND. Tasa de la visita general de Francisco de Toledo. Lima; 1975.
- Levillier R. Gobernantes del Perú. Madrid; 1925.
- Capoche L. Relación General de la Villa Imperial de Potosí. Madrid; 1959 [1585].
- Ramos Castillo RG. Secuencia cronológica y sistemas políticos en el proceso prehispánico del Altiplano puneño. Puno: UNA; 2021.
- Mollinedo y Angulo M. Informes pastorales del Obispado del Cusco (1678-1685). Archivo General de Indias.
- Fuentes MA. Memorias de los Virreyes que han gobernado el Perú. Lima; 1859.
- Hampe Martínez T. Visita de los indios originarios y forasteros de Paucarcolla en 1728. Rev Esp Antropol Am. 1985; 15:209-261.
- Glave LM. La rebelión de Túpac Amaru y los pueblos del sur andino. Lima; 1982.
- Navarro L. Intendencias en el Virreinato del Río de la Plata. Buenos Aires; 1959.
- Luque T. Historia política del altiplano peruano. Puno; 1999.
- Lynch J. La administración borbónica en América. Madrid; 1962.
- Sobrevilla Perea N. Andes y Nación. Lima: IEP; 2015.
- O’Leary DF. Memorias del General O’Leary. Caracas; 1952.
- Ramos Núñez R. Monografía de Lampa. Puno; 1967.
- Sala i Vila N. Estructuras coloniales en el altiplano puneño. Cusco: CBC; 1989.
Bibliografía básica recomendada
Adelaar WFH. Aymarismos en el puquina. Lima; 1987.
Cáceres de la Vega F. Anecdotario Peruano. Lima; 1924.
Capoche L. Relación General de la Villa Imperial de Potosí. Madrid; 1959 [1585].
Cerrón-Palomino R. Tras las huellas del puquina. Lima: PUCP; 2018.
Cook ND. Tasa de la visita general de Francisco de Toledo. Lima; 1975.
Flores Cáceres B. Monografía de la Provincia de Lampa. Puno; 1928.
Glave LM. La rebelión de Túpac Amaru y los pueblos del sur andino. Lima; 1982.
Navarro L. Intendencias en el Virreinato del Río de la Plata. Buenos Aires; 1959.
Ramos Castillo RG. Secuencia cronológica y sistemas políticos en el proceso prehispánico del Altiplano puneño. Puno: UNA; 2021.
Ramos Núñez R. Monografía de Lampa. Puno; 1967.
Rostworowski M. Historia del Tahuantinsuyo. Lima: IEP; 1988.
Sala i Vila N. Estructuras coloniales en el altiplano puneño. Cusco: CBC; 1989.
Sarmiento de Gamboa P. Historia de los Incas. Buenos Aires: Emecé; 1965 [1572].
Sobrevilla Perea N. Andes y Nación. Lima: IEP; 2015.
Torero A. Lenguas y pueblos altiplánicos en torno al siglo XVI. Lima; 1987.



Deja una respuesta