Devoción, tradición y memoria cultural en la Ciudad Rosada
Autor: Camila Tumi Herrera
Sección: Virgen Inmaculada
Resumen
La festividad de la Virgen Inmaculada Concepción constituye una de las expresiones más significativas de religiosidad popular en la ciudad de Lampa, en el altiplano puneño. Cada año, entre el 6 y el 9 de diciembre, la ciudad se transforma en escenario de procesiones, danzas tradicionales y manifestaciones culturales que reflejan la profunda devoción de sus habitantes. El presente artículo examina la tradición histórica sobre el origen de la imagen de la Virgen Inmaculada de Lampa y describe algunos elementos culturales de la festividad, como la participación de conjuntos de danzas y la figura del alferado dentro de la organización religiosa.
Palabras clave: Lampa, Virgen Inmaculada Concepción, religiosidad andina, festividades tradicionales, patrimonio cultural.
Abstract
The celebration of the Virgin of the Immaculate Conception is one of the most significant expressions of popular religiosity in the city of Lampa, located in the highlands of Puno, Peru. Every year, between December 6 and 9, the city becomes the setting for processions, traditional dances and cultural manifestations that reflect the deep devotion of its inhabitants. This article examines the historical tradition surrounding the origin of the image of the Virgin of Lampa and describes some cultural elements of the festival, including traditional dance groups and the role of the alferado in the organization of the celebration.
Keywords: Lampa, Virgin of the Immaculate Conception, Andean religiosity, traditional festivities, cultural heritage.
1. Introducción
La devoción mariana constituye uno de los elementos más significativos del proceso de configuración cultural y religiosa de los Andes durante el periodo colonial. Desde el siglo XVI, diversas advocaciones de la Virgen María fueron introducidas en el territorio andino por órdenes religiosas y autoridades coloniales, integrándose progresivamente en las prácticas religiosas de las poblaciones locales[1].
En el altiplano puneño, la devoción a la Virgen Inmaculada Concepción de María adquirió particular relevancia en ciudades como Lampa, donde la imagen se convirtió en símbolo de identidad religiosa y cultural. A lo largo del tiempo, esta devoción ha articulado elementos de la tradición católica con expresiones culturales andinas, como las danzas festivas, las bandas de música y los sistemas de organización comunitaria vinculados a las festividades religiosas[2]².
La festividad del 8 de diciembre, día central de la celebración de la Virgen Inmaculada Concepción, constituye en la ciudad de Lampa una manifestación de religiosidad popular que combina ritualidad litúrgica, tradición oral y expresiones coreográficas propias de la cultura andina.
2. La procesión
Cuando llega diciembre, la ciudad de Lampa, conocida también como la Ciudad Rosada, se transforma en un espacio donde la fe, la música y la memoria colectiva se entrelazan en honor a la Virgen Inmaculada Concepción de María, patrona espiritual de la ciudad.
La noche del 6 de diciembre, en los exteriores de la iglesia Santiago Apóstol de Lampa, comienza uno de los momentos más esperados por los fieles. La sagrada imagen de la Virgen desciende de su altar mayor y, desde ese instante, la ciudad entra en un tiempo festivo que se prolonga hasta el 9 de diciembre.
Llameros y llameras, diablos y diablas, morenos y chinas morenas, toros y polleronas o lecheras, kusillos y personajes de la waca waca recorren las calles acompañados por bandas de música. A ellos se suman los caporales —con el mulato caporal capataz al frente—, las machitas, los grupos de sicuris con sus maltas, zanjas y chilis, así como los jilakatas, lloqallos e imillas y los personajes de los tinkus, quienes danzan con pasos firmes y elegantes frente al templo colonial.
Los sonidos de los bombos, los bronces de las bandas y el eco de los sikus resuenan en las calles empedradas de la ciudad. Cada paso, cada giro y cada melodía constituyen una forma de oración colectiva. En Lampa, la danza no es únicamente un espectáculo festivo: es también una expresión profunda de devoción y pertenencia cultural.
El momento culminante de la festividad se produce el 8 de diciembre, día central de la celebración mariana. En esa jornada se realiza la solemne procesión de la Virgen por las calles de la ciudad. Este acontecimiento fue inmortalizado por el pintor lampeño Víctor Humareda Gallegos, quien plasmó en su obra el fervor popular y la intensidad espiritual de esta celebración[3] (Fig. 1).

Obra pictórica de Víctor Humareda Gallegos.
3. Origen de la imagen
En la memoria histórica de Lampa circulan diversas versiones acerca del origen de la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción, cuya presencia ha marcado la vida religiosa de la ciudad durante más de dos siglos.
Una de las versiones señala que la imagen fue donada en el año 1804 por el español Felipe Santander, quien habría gestionado la llegada de diversas esculturas religiosas desde Barcelona (España) hacia la iglesia de Lampa[4]. Estas imágenes habrían sido transportadas por vía marítima hasta el puerto de Arequipa, desde donde emprendieron su recorrido hacia el altiplano.
Desde entonces, la devoción a la Virgen Inmaculada se ha mantenido viva a lo largo del tiempo. Incluso durante la pandemia de COVID-19, la celebración continuó realizándose, adaptándose a las circunstancias sanitarias. En el año 2021, por ejemplo, la solemne misa se celebró en la plaza Grau de Lampa, permitiendo que los fieles mantuvieran su vínculo espiritual con la patrona de la ciudad.
Sin embargo, entre los lampeños circula también una tradición que posee una fuerte carga simbólica. Según la tradición oral, la imagen de la Virgen estaba destinada originalmente a la ciudad del Cusco. Tras arribar al puerto de Arequipa, debía continuar su viaje hacia esa ciudad. No obstante, durante el trayecto hacia el Cusco, la imagen llegó a Lampa, ciudad situada en la antigua ruta comercial entre el sur andino y el altiplano.
La tradición cuenta que, al llegar a Lampa, una intensa lluvia obligó a los transportistas a permanecer allí durante una noche. Al día siguiente, cuando intentaron continuar el viaje, el peso de la imagen se volvió inexplicablemente demasiado grande, impidiendo su traslado. Ante este hecho, los pobladores interpretaron que la Virgen había decidido quedarse en Lampa.
Desde entonces, la Virgen Inmaculada Concepción fue reconocida como patrona espiritual de la ciudad, convirtiéndose en símbolo de protección y esperanza para sus habitantes (Fig. 2).

La devoción mariana en el sur andino se remonta al siglo XVI, con la expansión del cristianismo durante el periodo colonial. Sin embargo, algunas advocaciones marianas del altiplano fueron elaboradas por los propios pobladores indígenas, como la Virgen de la Candelaria de Copacabana, considerada una de las advocaciones marianas más antiguas de Sudamérica.
Narraciones similares aparecen en diversas tradiciones marianas de América Latina, donde la permanencia de una imagen en un determinado lugar es interpretada como una manifestación de la voluntad divina[5].
4. El alferado
Dentro de la organización de la festividad, la figura del alferado ocupa un lugar central.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el alferado es la persona que en determinadas fiestas religiosas preside los actos festivos, sufraga los gastos de la celebración y tiene el honor de portar el pendón de la festividad[6].
En la ciudad de Lampa, la festividad cuenta con un alferado principal, encargado de dirigir los actos centrales en honor a la Virgen. Asimismo, cada conjunto de danza posee sus propios alferados, quienes participan activamente en la organización de las celebraciones.
El cargo de alferado no solo implica una responsabilidad económica o ceremonial; representa también una expresión de fe profunda y compromiso comunitario. Quienes asumen este cargo lo hacen convencidos de que el sacrificio realizado en honor a la Virgen será recompensado con bendiciones para sus familias (Figura 3).

En el sistema festivo andino, estos cargos constituyen además una forma de prestigio social y de participación comunitaria dentro de las tradiciones religiosas del altiplano[7].
[1] La difusión de advocaciones marianas en el mundo andino fue promovida principalmente por órdenes religiosas durante el proceso de evangelización colonial en los siglos XVI y XVII.
[2] Sobre la religiosidad popular en los Andes y su articulación con las festividades católicas véase: Marzal, Manuel (2002). La religión andina. Lima: PUCP.
[3] Humareda Gallegos, Víctor. Diversas obras pictóricas inspiradas en escenas de la vida y festividades del altiplano peruano.
[4] Tradición histórica recogida en crónicas locales de la ciudad de Lampa.
[5] Millones, Luis (1990). Historia y poder en los Andes. Lima: IEP.
[6] Real Academia Española (2022). Diccionario de la lengua española.
[7] Ossio, Juan (1992). Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los Andes. Lima.
Bibliografía
Flores Ochoa, Jorge. (1977). Pastores de alpacas de los Andes. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
Marzal, Manuel. (2002). La religión andina. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
Millones, Luis. (1990). Historia y poder en los Andes. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
Ossio, Juan. (1992). Parentesco, reciprocidad y jerarquía en los Andes. Lima.
Real Academia Española. (2022). Diccionario de la lengua española. Madrid.


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