Autor: Aurelio Carri Neyra
Categoría: Narrativa andina / Literatura puneña
ISKAY WAKCHA (Dos huérfanos):cuento andino

Había mucho malestar en la mina de “Qoriwasi”. La producción era casi cero.
Por esos días, la mina era como un ser que respiraba un hálito de muerte.
Era insoportable trabajar allí.
Por las mañanas; cuando los mineros se metían por su bocaza, sentían ellos mismos, que eran tragados y digeridos en su panza oscura y fría. Entonces sus cuerpos se estremecían y sudaban frío de miedo; pensaban que ya no iban a regresar con los suyos.
Cada día siempre algo sucedía, ¡siempre algo tenía que pasar! Desde un simple tropiezo, hasta accidentes graves. Los derrumbes se estaban haciendo costumbre, y, cuando esto acontecía, la mina se “comía” un obrero, dos, tres…y la gente, por eso, ya no quería entrar a sus fauces.
Para ellos la mina tenía vida, no solamente era una mole de roca, tierra y precioso metal en sus entrañas…ella tenía vida, y algo pedía, … ella algo reclamaba.
Por eso la gente se fue retirando, poco a poco.
– ¡Caracho!, ¡se tiene que hacer algo! – estalló una noche, el ingeniero Bardales, gerente de la compañía, en una reunión de emergencia, con toda la empleocracia y unos cuantos capataces que quedaban.
– ¡Con tanto mineral adentro!, ¡La mina no puede parar, caracho! – gritó.
-Jefe, hágame caso, la mina está pidiendo algo, jefecito…-habló Anselmo Túpac, el capataz.
– ¡Bueno, ya! – gritó airado, Bardales- ¡hace tiempo que me están diciendo eso ¡ya!, ¡qué diablos está queriendo la mina!, ¡Ya, ya, hablen!¡qué pide la mina!
-Un pago patroncito, sí, un pago, pagachi, pagachi, quiere patroncito. – y enseguida les aconsejó que se trajeran al brujo de la comunidad, -él sabe lo que está queriendo este bendito cerro, que es como un apu sagrado de este lugar.
-Pues bien, tú mismo encárgate de esto ¡pero cuanto antes!, ¡se dará todo lo que hay que dar!
Y así se hizo, se habló a un anciano huraño y de mala facha, llamado Bonifacio Chipana, más conocido como don “Boniche”, quien tenía fama de ser un excelente brujo negro. Éste, efectivamente, miró en su mesa llena de wayruros, velas y de verde coca, que la mina tenía hambre, pues, quería un “wilancho.”.
Bueno, tres blancas alpacas robustas se sacrificaron, además de sebos especiales, harto alcohol, caramelos, la infaltable coca y otras menudencias.
Con todo esto se reanudó el trabajo en el socavón, con unos cuantos obreros que quedaban y los que llegaron de los pueblos vecinos y de otros departamentos.
Así que todo marchó muy bien…pero por unos escasos meses porque, nuevamente volvieron los accidentes, los derrumbes y con ello la incertidumbre y la huida de la gente.
Consecuentemente, vino otra vez la preocupación del ingeniero Bardales. Volvió a ordenar la presencia del brujo negro don “Boniche” y éste, en la lectura de la coca, le dijo con voz trémula de miedo, que la mina exigía; un wilancho… ¡pero un wilancho humano, pero de carne tierna es decir pedía dos niños! ¡Era un absurdo!
-Erkekuna, cierto,cierto, iskay erkekuna, iskay,…- repetía el anciano, en su trance brujeril.
– ¡Queee? – grito sobresaltado Bardales, cuando le tradujeron al español, lo que Chipana decía- ¿Dos niños? ¡Y qué caray de dónde voy a sacar dos mocosos ¡¿Es una broma?!…quieren verme comprometido con la justicia? ¡No mojen, que no hay quién planche! ¡No me jodan carajo! – se levantó colérico, pateando su silla.
Sin embargo, más tarde, más de noche, cuando despidieron al brujo y además de la otra gente, ya calmados, entre libaciones de ron, whisky, coca y cigarro, tramaron algo siniestro.
Bardales, junto con otro astuto ingeniero limeño, apodado el “Ruso”, acordaron viajar a Lima, en busca de dos “wakchas” o “wakchos”es decir dos niños huérfanos pobres y abandonados, que abundan en la Capital.
Y viajaron allí. La captación, no les fue difícil. En una plaza de La Victoria, mientras se hacían lustrar los zapatos ubicaron a cuatro niños, pero dos fueron descartados, por ser muy hiperactivos y sucios, y al parecer enfermos de tuberculosis, pues tosían demasiado y escupían sangre. A los otros dos los sedujeron dándoles buenas y generosas propinas, hablándoles bonito, con astucia muy calculada, mucha argucia cínica criolla. Poco a poco los hicieron sus amigos y un día los niños eran todos suyos.
No había que pedir permiso a nadie…esos niños no tenían padres ni familiares conocidos. Vivían en la calle, dormían en algunos corralones y casas abandonadas. Por eso la cosa se tornó muy fácil.
Hasta que un día, emprendieron el viaje, los dos niños, lucían ropa elegante, limpios de mugre, bien alimentados, les dieron dinero debidamente calculado, haciéndoles sentir cual hijos de millonarios. Pero antes del viaje, los llevaron a pasear por el famoso y bonito “Parque de las Leyendas”, también fueron por las mejores salas cinematográficas, que existían en esos años, y a cuanto lugar ellos querían conocer, y en los sitios que quisieran sentarse a comer o retozar, y luego recién emprendieron “un viaje de turismo”, que los llevaría a conocer el lago más alto del mundo: “El Titicaca”, ofreciéndoles llevarlos al Cusco para conocer Machu Picchu, posteriormente, claro, si se portaban bien.
El viaje lo hicieron por vía terrestre, no tuvieron nada de problemas en los controles. Para esas pobres criaturas, ese viaje estaba lleno de felicidad, de holgura, de sorpresas y placidez, conocieron los pueblos y las ciudades hasta llegar a Puno, y efectivamente los llevaron al gran Titicaca.
Conocieron las islas de los uros, ese fue su último punto de diversión y su despedida de este mundo cruel, debido a la inhumanidad de los hombres.
Subieron al jeep del ingeniero, pues en Puno, tenía su residencia. Llegando a “La Ciudad de los Vientos”, se fueron internando por una trocha rumbo a un pueblo llamado “Puka Llaqta” y de allí a un distante gélido distrito de P, luego tendrían que subir y subir por un camino zigzagueante. Pero antes, en el distrito de P, cenaron en una solitaria pensión de mala muerte. Unos dos o tres lugareños que cenaban en dicho lugar, los vieron y les causaron gran admiración la presencia de aquellos morenitos como de 8 o 9 años, vestidos como muñecos, que, rendidos por cansancio y sueño, solo atinaban a preguntar: – ¿Dónde estamos?, ¿a dónde vamos? ¡Qué frío que hace! -Con sus ojos vivaces y tiernos miraban, el cielo límpido, sembrado de estrellas con la radiante e infinita constelación de la Vía Láctea, centellas fugaces y mucho frío, como frío eran los corazones de aquellos que los llevaban.
El dueño de aquella pensión, sabiendo el asunto, ya que era hijo del propio brujo Bonifacio Chipana, dijo, cuando el jeep continuó su marcha:
– ¡Ah caraju! ¡Consiguieron iskay wakcha!…istus inginierus pindijus!
A esas criaturas de Dios, nunca más se les vio marcar su retorno.
A partir de un día con un sol radiante, pero que no calentaba mucho, volvió un ajetreo inusitado de carros y mineros, dando actividad a aquellos páramos olvidados, de ichu amarillento, de alpacas y vicuñas huidizas, como su gente.
Fue el apogeo de la mina de “Qoriwasi”, pues la producción subió.
Ya no hubo más desgracias, ni aquel ambiente de muerte, que la mina mostraba antes.
Pero sin embargo muchas veces los mineros, trabajando en las profundidades del socavón, como rompiendo las leyes de la física de este mundo tridimensional, sentían mucho miedo que los hacía temblar, al escuchar unas juguetonas risas y voces de dos niños traviesos, que se perdían en las profundidades de la mina.
En algunas noches por los cerros aledaños del campamento minero, mientras descansaban en sus camarotes, y sin ninguna razón, a los obreros les invadía, como una enfermedad, una pena profunda, y luego les daba unas ganas de llorar, al escuchar el lamento muy triste, desgarrado y perdido de dos “wakchitos” capitalinos, llamando con mucha desesperación, a sus padres que nunca los conocieron.
F I N
Arequipa,1 de agosto del 2011
Glosario de términos quechuas
Iskay: palabra quechua que significa “dos”.
Wakcha: persona huérfana, pobre o desamparada dentro de la sociedad andina.
Apu: espíritu protector de una montaña o cerro, considerado una entidad sagrada que protege a las comunidades.
Pagachi (pagapu): ofrenda ritual que se realiza a la tierra o a los cerros como acto de reciprocidad espiritual.
Wilancho: sacrificio ritual con sangre —generalmente de animales— ofrecido a entidades sagradas o a la tierra.


Deja una respuesta