Poemas a Lampa: versos para la ciudad rosada.

Autor: José Luis Ramos Flores

Sección: Poesía

Presentación

La poesía de José Luis Ramos Flores representa una de las voces más singulares de la diáspora cultural lampeña. Nacido en Lampa, su obra se inscribe en una tradición lírica que articula memoria, paisaje andino y experimentación estética, con resonancias del ultraísmo y del simbolismo contemporáneo.

Radicado en la Callao, su escritura transita entre el exilio afectivo y la evocación del terruño. Ganador del Premio Pluma de Oro (2017), ha publicado los poemarios Palinodia del Azul y He venido a contemplar las distancias, del cual se extraen los textos que presentamos.

Más que poemas, son ejercicios de memoria cultural donde Lampa aparece como territorio simbólico, como nostalgia y como herencia.

Nostalgia en Lampa

La lluvia comienza
Como sólo empiezan los adioses

Demasiado largo el camino hacia la noche, estaba en el lago azul,
hablaba de las colinas descalzas, donde brillan los pequeños
totorales de aves sencillas que toman colores verdes y rojizos, verde
amarillentos, dando un aspecto de pequeña jungla.

Quizá los recuerdos sean una pincelada de nostalgia, grandes
biombos con poemas escritos. Veo un sendero que serpentea
entre rústicas paredes del olvido; uno se mira en esas piedras más
sencillas. Quizá la ciudad natal sea también esa búsqueda, esa
nostalgia; era lo leve y lo elusivo. Alguien deja huellas de formas
casuales. Es fascinante el reflejo de un sueño abigarrado en las calles
estrechas con empedrados.

La única réplica de la piedad que descansa como cerezos y
camelias en un rincón estético como un fénix dorado. Vasari dice
de ella que “es una obra a la que ningún artífice excelente podrá
añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatiguen,
ni en fortaleza, en poder de finura, tersura y cincelado de mármol”.

Me siento especial; me sugieren tardes delicadas y conversaciones
incorpóreas. Mis coterráneos creen que las geishas son prostitutas,
pero son damas de compañía para la tarde, que saben mucho de
arte, música y poesía. Geisha, etimológicamente, significa artista.


Balada para un insecto

A mi padre Felipe Ramos Lima / Lampa – Puno

Mi padre nunca disolvió el canto perfecto de las cigarras,
scherzo y violines.
Heme aquí: el exilio de los endriagos,
inventamos insectos jamás vistos,
devoradores de mares y relámpagos.

Cetrería

Mi padre es un poeta que glosa en el cielo ártico.
Padre, con tus harapos haré un libro profano.
Útero perfecto:
déjame incendiar la levedad del tiempo
en un poema que nunca escribí.

Epitalamio

Itinerario entre sombras verticales.
Hagamos de todo el grito un caballo salvaje,
palabras que cortan como cuchillo,
resucitan los vencejos en el arte.

Ultraísmo de gritos celestes:
ala zafir en el zafir del día.
Padre, de tus manos saldrán
un poco de mis huesos.

Por primera vez, peces del zodiaco.
Siempre hay un poco de sombra verde,
limbo entre guirnaldas,
las amazonas descansan en nuestras gavias.
Habrá un poco de silencio verde.

Mi padre moldeó con pasto celeste mi nombre.

Nota editorial de la poesia de Ramos Flores:

La poesía de Ramos Flores dialoga con la tradición andina y con corrientes vanguardistas del siglo XX. En “Nostalgia en Lampa”, la ciudad aparece como paisaje interior; en “Balada para un insecto”, el padre-poeta se convierte en figura fundacional de la palabra.

Publicar estas voces en TODO LAMPA no es sólo un acto cultural: es un ejercicio de preservación de la memoria literaria regional.

La obra de José Luis Ramos Flores se inscribe en la tradición literaria puneña como una propuesta que articula memoria territorial, desplazamiento identitario y experimentación formal. Nacido en Lampa y posteriormente radicado en el Callao, su escritura no se limita a la evocación nostálgica del terruño, sino que transforma el paisaje andino en categoría simbólica y en arquitectura interior del sujeto poético. Desde esta perspectiva, su obra puede leerse a la luz de lo que Antonio Cornejo Polar denominó la “heterogeneidad cultural” andina, en tanto articula espacios geográficos y tradiciones discursivas distintas dentro de una misma enunciación lírica[1].

En el poema “Nostalgia en Lampa”, el paisaje no opera como marco costumbrista ni como simple referencia descriptiva; por el contrario, funciona como dispositivo de memoria activa. La lluvia, el lago azul, los senderos empedrados y las piedras constituyen una topografía afectiva que remite a lo que Gaston Bachelard conceptualizó como “espacio íntimo”, es decir, un territorio interiorizado donde la experiencia espacial se convierte en experiencia ontológica[2]. La ciudad natal deja de ser un punto en el mapa para convertirse en metáfora de identidad fragmentada: recordar no equivale a reproducir el pasado, sino a reconstruirlo simbólicamente. En esa dialéctica entre permanencia (la piedra, el empedrado) y transitoriedad (la lluvia, el adiós) se configura una estética del exilio interior que trasciende el regionalismo descriptivo.

La dimensión genealógica de su poesía se manifiesta con mayor intensidad en “Balada para un insecto”, dedicado a su padre. Allí, la figura paterna no es solo objeto de homenaje, sino matriz fundacional del lenguaje. El verso “Mi padre moldeó con pasto celeste mi nombre” revela una concepción de la palabra como herencia y transmisión, en sintonía con la idea de que la identidad poética se construye desde una tradición recibida y transformada. Esta concepción puede vincularse con la noción de tradición dinámica propuesta por Octavio Paz, quien sostuvo que toda creación auténtica implica diálogo con un pasado que se reinventa en el presente[3]. En Ramos Flores, la herencia paterna no fija una identidad estática; por el contrario, la activa como impulso creador.

Desde el punto de vista formal, su poesía evidencia resonancias vanguardistas que lo vinculan con la tradición inaugurada en Puno por Carlos Oquendo de Amat. La condensación metafórica, el uso intensivo del color (“azul”, “verde”, “zafir”), el fragmentarismo y la supresión de nexos lógicos recuerdan estrategias propias de la estética ultraísta y de la vanguardia hispanoamericana[4]. Sin embargo, a diferencia de Oquendo, cuya poética se proyecta hacia un cosmopolitismo urbano, Ramos Flores mantiene un anclaje afectivo explícito en el paisaje altiplánico. La experimentación formal no desplaza la memoria territorial, sino que la resignifica.

El diálogo con Gamaliel Churata permite advertir otra dimensión comparativa. Churata, especialmente desde el Boletín Titikaka, articuló una propuesta de reivindicación cultural andina en clave programática y descolonizadora[5]. Ramos Flores, en cambio, no adopta un discurso ideológico explícito; su aproximación es más lírica que ensayística. No obstante, ambos coinciden en transformar el territorio altiplánico en categoría universal. La diferencia radica en el tono: donde Churata proclama, Ramos Flores evoca; donde uno construye manifiesto, el otro construye nostalgia.

Asimismo, en diálogo con la poesía contemporánea de Boris Espezúa, se observa una convergencia en la introspección y en la exploración de una modernidad andina que tensiona tradición y contemporaneidad. No obstante, la singularidad de Ramos Flores radica en la centralidad de la figura paterna como fundamento del lenguaje, elemento menos visible en otros autores puneños contemporáneos.

En síntesis, la poética de José Luis Ramos Flores puede caracterizarse por cuatro rasgos fundamentales: sublimación de la memoria territorial, conversión del exilio en motor creativo, hibridación entre tradición andina y vanguardia, y construcción genealógica del sujeto poético. Su obra se sitúa en continuidad con la tradición puneña —de Oquendo a Churata y Espezúa—, pero evita tanto el experimentalismo radical como el regionalismo cerrado. Al universalizar Lampa como símbolo de toda memoria originaria, su poesía consolida una literatura regional con vocación universal y confirma la vigencia del altiplano como espacio generador de modernidad estética.


[1] Antonio Cornejo Polar, Escribir en el aire: ensayo sobre la heterogeneidad sociocultural en las literaturas andinas (Lima: Horizonte, 1994).

[2] Gaston Bachelard, La poética del espacio, trad. Ernestina de Champourcín (México: Fondo de Cultura Económica, 1957).

[3] Octavio Paz, Los hijos del limo (Barcelona: Seix Barral, 1974).

[4] Carlos Oquendo de Amat, 5 metros de poemas (Lima: Minerva, 1927).

[5] Gamaliel Churata, El pez de oro (La Paz: Editorial Canata, 1957).


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