Historia, lenguas del Altiplano y la leyenda de Lampaya en la provincia de Lampa

Por: Roger Estanislao Tumi Pacori

Categoría: Historia del Altiplano

Resumen

El presente artículo examina la historia cultural y lingüística de la provincia de Lampa, en el altiplano puneño, a partir del sitio arqueológico de Lamparaquen y de la tradición oral vinculada a la leyenda de Lampaya. A partir de datos demográficos, estudios arqueológicos y referencias historiográficas, se analiza la presencia histórica de tres lenguas fundamentales del Altiplano: el puquina, el aimara y el quechua. Asimismo, se examina la relación entre Lamparaquen y antiguas tradiciones culturales como la civilización Pucará, uno de los centros ceremoniales más antiguos del Altiplano andino. El artículo propone interpretar la diversidad lingüística y cultural de Lampa como resultado de un proceso histórico de larga duración que abarca desde las primeras sociedades altiplánicas hasta la expansión del Imperio Inca.

Palabras clave: Lamparaquen, Lampa, collas, puquina, aimara, quechua, Pucará, Altiplano puneño.

Abstract

This article examines the cultural and linguistic history of the province of Lampa in the Peruvian Altiplano through the archaeological site of Lamparaquen and the oral tradition associated with the legend of Lampaya. Based on demographic data, archaeological studies, and historiographical references, the study analyzes the historical presence of three major languages of the Altiplano: Puquina, Aymara, and Quechua. It also explores the relationship between Lamparaquen and the ancient Pucará culture, one of the earliest ceremonial centers in the Andean highlands. The article proposes interpreting the linguistic and cultural diversity of Lampa as the result of a long historical process that spans from early Altiplano civilizations to the expansion of the Inca Empire.

Introducción

En las alturas del altiplano puneño, donde el viento recorre silenciosamente las pampas y los bosques de queñuales resisten el paso de los siglos, se levanta el antiguo sitio de Lamparaquen. A primera vista el lugar parece un conjunto de piedras dispersas sobre la ladera del cerro Marno. Sin embargo, al recorrer sus murallas y observar la extensión de sus estructuras defensivas, el visitante descubre que se trata de una antigua ciudadela que alguna vez formó parte de la historia de los pueblos del Collao. Entre ruinas, leyendas y paisajes altoandinos, Lamparaquen guarda una memoria profunda del Altiplano que combina arqueología, lengua y tradición oral.

Se ubica a unos veinte kilómetros al oeste de la ciudad de Lampa, se encuentran los restos arqueológicos de Lamparaquen, una antigua ciudadela asociada a los pueblos del Collao que habitaron esta región antes de la expansión del Imperio Inca. El lugar conserva vestigios de murallas, estructuras defensivas, andenes, queñuales y asentamientos prehispánicos que sugieren la presencia de sociedades complejas en el Altiplano. Sin embargo, Lamparaquen no es únicamente un sitio arqueológico. En la memoria cultural de la región se encuentra también asociado a la leyenda de Lampaya, un relato transmitido por tradición oral que vincula el paisaje altoandino, los bosques de queñuales y la historia de antiguos pueblos del Collao.

El estudio de Lamparaquen permite articular tres dimensiones fundamentales de la historia del Altiplano: el paisaje arqueológico, la diversidad lingüística y la memoria mítica de las sociedades andinas.

1. La lengua materna en la provincia de Lampa

Según el censo nacional realizado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en el año 2017, la provincia de Lampa cuenta con 37 453 habitantes, de los cuales aproximadamente 80 % declara como lengua materna el quechua, mientras que 18 % tiene como lengua materna el español y apenas 0.7 % el aimara. Este panorama contrasta con lo que ocurre en la provincia de Chucuito, al sur del departamento de Puno, donde el 84 % de la población tiene como lengua materna el aimara. Este contraste lingüístico dentro de un mismo espacio geográfico evidencia la compleja historia cultural del Altiplano puneño, región donde diversas tradiciones lingüísticas se han sucedido a lo largo de los siglos.

2. El significado del término ‘colla’

La arqueóloga Elizabeth Arkush señala que existe un uso inconsistente del término ‘colla’: a veces se refiere a una nación étnica específica, como los lupacas o los canas, y a veces alude a una parte geográfica del Altiplano conocido como el Collao. Sin embargo, concluye que el término se refiere a una nación étnica con dos espacios claramente marcados: uno, los que se desarrollaron en la parte norte de la región Puno, donde está ubicada la provincia de Lampa, dando lugar a la etnia de los hatun collas en el tiempo de los incas; y dos, la parte sur del departamento de Puno, donde se ubica la provincia de Chucuito y se desarrolló la etnia los ‘puquinas collas’ o ‘lupacas’. Textualmente señala lo siguiente:[1]

La identidad y la formación política de los collas se confunden en parte por el uso inconsistente del término ‘colla’ en las fuentes documentales. A veces significa una nación étnica específica, en sentido opuesto a los lupacas, los canas, etc. [así como en este artículo], a veces la población completa de la cuenca antiguamente conocida como el Collao, o a veces tiene un sentido aún más vago como la gente del Collasuyu, el cuarto sur del Tawantinsuyu. Así, por ejemplo, las crónicas afirman que los collas y los lupacas fueron enemigos acérrimos antes de la conquista inca, pero también que cuando los collas se rebelaron contra los incas, los rebeldes incluían también ‘lupacas’ y tal vez ‘pacajes’ (Betanzos 1996:144 [1551-7: I.34]; Cieza 1985:155 [1550: II.53]; Rowe 1985:214).  También hay menciones de subgrupos de la nación Colla, de los hatun collas (Cieza 1985:15, 22, 110, 122 [1550: II.VI,VIII, XXXVII]; Pachacuti Yamqui 1993:217 [1613:18]), o de hatun collas y puquina collas (Guamán Poma 1980:70, 149, 245 [1613]) o capahancos y pocopoco. (Spurling 1992:117)

Posiblemente, el idioma aimara que se habla en la parte sur del Altiplano, según los estudios de la propia Arkhaus, se haya trasladado de otros lugares debido a las migraciones interregionales. Investigadores lingüísticos e historiadores (e. g. Torero 1987, Cerrón-Palomino 2000) proponen una migración mayor de los hablantes de aimara (o protoaimara) a la cuenca del Titicaca, reemplazando o desplazando a los hablantes puquina, un idioma que estuvo presente en el Altiplano en el siglo XVI, pero que se extinguió. Esta migración se habría producido en el periodo Intermedio Tardío (1200–1450 d. C.) aproximadamente. Posterior a ello, se tiene registrado en la historia la expansión inca con el idioma quechua, lengua que mayoritariamente se habla en la parte norte de Puno y en Lampa, como ya evidenciamos.

3. Los idiomas del Altiplano: puquina, aimara y quechua

La presencia de diferentes lenguas en el Altiplano responde a procesos históricos de larga duración. Diversos estudios lingüísticos han señalado que antes de la expansión del Imperio Inca coexistieron varias tradiciones idiomáticas en la región del lago Titicaca, entre ellas el puquina, el aimara y posteriormente el quechua[2]. El puquina ha sido considerado por algunos investigadores como una de las lenguas más antiguas del Altiplano. Esta lengua habría tenido una importante presencia en el área del lago Titicaca antes de la expansión de otras tradiciones lingüísticas[3].² Posteriormente, durante el Periodo Intermedio Tardío (1200–1450 d.C.), se produjo la expansión de pueblos de tradición aimara, entre ellos los collas-aimaras, quienes organizaron diversos señoríos regionales en el Altiplano Finalmente, con la expansión del Tawantinsuyo, el quechua se difundió como lengua administrativa y política del Imperio Inca, consolidándose en muchas regiones del Altiplano[4].

4. Pucará: una de las culturas más antiguas del Altiplano

Figura 1. Complejo arqueológico de Pucará

Para comprender la historia profunda del territorio de Lampa es necesario retroceder hasta el desarrollo de la cultura Pucará, considerada una de las civilizaciones más antiguas del Altiplano. El centro ceremonial de Pucará, ubicado en la actual provincia de Lampa, se desarrolló aproximadamente 500 años antes de Cristo y constituye uno de los asentamientos arqueológicos más importantes de la región del lago Titicaca[5]. El sitio presenta grandes plataformas ceremoniales, esculturas líticas monumentales y complejas estructuras arquitectónicas que evidencian la existencia de una sociedad altamente organizada con una considerable influencia cultural en el Altiplano. Diversos estudios han sugerido que en el contexto cultural de Pucará pudo haberse desarrollado una de las tradiciones lingüísticas más antiguas del Altiplano: el idioma puquina[6].

5. Lamparaquen

Uno de los vestigios arqueológicos más importantes de la provincia de Lampa es el complejo de Lamparaquen, ubicado aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de la ciudad de Lampa. El sitio presenta una extensa muralla de aproximadamente 20 000 metros de longitud que rodea el cerro Marno, con alturas que oscilan entre 4 y 5 metros. Estas estructuras sugieren la existencia de una ciudadela fortificada, vinculada a los pucaras-puquina, collas-aimara y los hatun collas quechuas, grupos que habitaron el Altiplano. Desde la parte alta del cerro puede observarse el paisaje altoandino rodeado de bosques de queñuales (Polylepis), árboles característicos de los ecosistemas de la puna. El nombre Lamparaquen podría reflejar la interacción de diversas tradiciones lingüísticas del Altiplano, particularmente del puquina y el aimara. La tradición local sostiene que este lugar estuvo vinculado a la figura legendaria de Lampaya, antiguo gobernante de estas tierras.

Durante una visita realizada en diciembre de 2021, se constató la escasa promoción turística del lugar. A pesar de que existen recorridos hacia la ciudad de Lampa, desde Puno, estos se concentran únicamente en el área urbana, sin incluir la visita a Lamparaquen, sitio declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1976.

El complejo arqueológico presenta dos sectores claramente diferenciados. En la zona plana cercana a la carretera se observa una ciudadela de grandes estructuras circulares de piedra, actualmente deterioradas y utilizadas como refugio para ganado. Durante la época colonial, el lugar fue utilizado como trapiche para el procesamiento de minerales provenientes de las minas de Pomasi.

En la parte superior del cerro Marno se encuentran los restos de la fortaleza principal, situada a unos 4000 metros sobre el nivel del mar, rodeada por un bosque de queñuales, conocida antes de la presencia inca-quechua como lampaya.

El bosque de arboles y la flora llevaron a realizar estudios biológicos en la zona entre 2009 y 2014 que registraron en el área 83 especies de flora vascular pertenecientes a 35 familias botánicas, lo que evidencia una considerable diversidad ecológica. Sin embargo, dichos estudios advierten que los bosques de polylepis incarum (queñuales o lampayas) se encuentran en proceso de degradación, por lo que resulta urgente implementar medidas de conservación.

Figura 2. Fortaleza de Lamparaquen y el bosque de queñuales.

6. La leyenda de Lampaya

Según la tradición oral, Lampaya fue un líder que gobernó en este territorio del Altiplano. La leyenda relata que Lampaya se enamoró de Cantuta, una mujer proveniente de los territorios del sur del Altiplano. Esta unión habría provocado el enojo del Apu Pilinku, espíritu protector de las montañas. Como castigo por esta relación, el Apu Pilinku habría transformado a Lampaya en un árbol conocido como lampaya, que posteriormente en lengua quechua pasó a identificarse con el queñual, árbol característico de los ecosistemas altoandinos.

En algunas versiones de la leyenda aparece un episodio que introduce una dimensión histórica vinculada a la expansión del Imperio Inca en el Altiplano. La narración señala que durante las campañas militares del Sapan Inca Mayta Qhapaq, las tropas incas atravesaron el territorio del Collao. Las crónicas tempranas mencionan que los incas enfrentaron diversos señoríos del Altiplano, entre ellos los collas-aimaras y lupacas[7]. Según la tradición oral, el general Huayta, hombre de confianza del Inca, habría tenido una visión en la que el espíritu de Lampaya le advertía que los collas-aimaras planeaban levantarse en armas contra los incas. Huayta habría decidido entonces permanecer en aquel territorio, donde posteriormente se habría establecido el poblado de Lampa. Más allá de su carácter mítico, este episodio puede interpretarse como una memoria simbólica de los conflictos políticos entre los señoríos collas-aimara y el Imperio Inca durante la expansión del Tawantinsuyo en el Altiplano y comprende la división actual entre el norte quechua y el sur aimara del departamento de Puno.

Desde una perspectiva histórica, este episodio puede interpretarse como una memoria simbólica de los conflictos políticos que acompañaron la expansión del Tawantinsuyo hacia el Altiplano. Diversos estudios han señalado que el Collao estaba conformado por múltiples señoríos que mantenían rivalidades internas antes de su incorporación al Imperio Inca.⁸

La leyenda de Lampaya podría conservar, en forma simbólica, el recuerdo de ese proceso histórico de transformación política. Esta interpretación resulta especialmente sugerente si se considera que la actual distribución lingüística del departamento de Puno —con zonas predominantemente quechuas en el norte y aimaras en el sur— refleja procesos históricos de larga duración vinculados a migraciones y transformaciones culturales ocurridas en el Altiplano

Queñual, árbol que representa a Lampaya castigado por el Apu Pilinku

Conclusión

Lamparaquen constituye uno de los vestigios arqueológicos más significativos del pasado preincaico de la provincia de Lampa. Su paisaje de murallas, cerros y bosques de queñuales conserva no solo la huella material de antiguas sociedades altiplánicas, sino también la memoria cultural transmitida por las tradiciones orales de la región. La historia de Lampa refleja la superposición de diversas tradiciones culturales y lingüísticas que se sucedieron a lo largo de los siglos: primero las poblaciones vinculadas a la tradición cultural de Pucará, luego los señoríos collas de tradición aimara, y finalmente la incorporación del territorio al Tawantinsuyo, con la difusión del quechua y el territorio denominado hatun qolla. Redescubrir Lamparaquen es, en cierto modo, redescubrir la memoria profunda del Altiplano del Collao.

Lamparaquen no es únicamente un sitio arqueológico olvidado en las alturas del Altiplano. Es también un espacio donde convergen la memoria histórica, la tradición oral y el paisaje cultural de Lampa. En sus murallas se encuentran las huellas de los antiguos señoríos collas; en los bosques de queñuales sobreviven los ecos de antiguas leyendas; y en la diversidad lingüística de la región persiste la memoria de los pueblos que habitaron el Collao a lo largo de los siglos. Redescubrir Lamparaquen significa, en cierta medida, recuperar una parte de la historia profunda del Altiplano puneño y reconocer la riqueza cultural de una región que ha sido durante milenios un espacio de encuentro entre pueblos, lenguas y tradiciones.


[1] ARKUSH, Elizabeth. Los Pukaras y la Poder: Los Collas en la Cuenca Septentrional del Titicaca Elizabeth Arkush En: Arqueología de la Cuenca del Titicaca, Perú, editado por Luis Flores Blanco y Henry Tantaleán, pp. 295-320. IFEA: Lima. 2012

[2] Alfredo Torero, El quechua y la historia social andina, Lima: IFEA, 2002.

[3] Rodolfo Cerrón-Palomino, Lingüística aimara, Cusco: Centro Bartolomé de las Casas, 2000.

[4] María Rostworowski, Historia del Tahuantinsuyo, Lima: IEP, 1999.

[5] Luis Lumbreras, Arqueología del Perú, Lima: Milla Batres, 1981.

[6] Alfredo Torero, El quechua y la historia social andina, Lima: IFEA, 2002.

[7] Pedro Cieza de León, Crónica del Perú, Segunda Parte, Lima: PUCP, 1985 [1550].


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